Dile al tiempo que regrese.
EL ARCO IRIS DE TU VIDA
Era una tarde de septiembre, creo que era un 21, no había llovido y la tarde estaba soleada, apenas comenzaba; la mañana había dejado buenos presagios, salí de la cueva, hacia años que no lo veía, denso con lo sutil, físico con lo etérico, material con lo espiritual, el lo une todo pensé… allí estaba: el arco iris.
Recordé historias de el, nadie nunca lo encontró pero si alguien salía a buscarlo siempre lo hallaría pero solo en la imaginación, yo nunca lo encontré.
Aquel 21 de septiembre se perdió en mi imaginación había sido una tarde diferente; esa noche, tuve un sueño, en el que me veía viajando dentro del arco iris. Fue tal la felicidad que sentí, que me hizo dar cuenta de que tanto había luchado por llegar al final del arco iris, para conseguir los tesoros que siempre había anhelado, no había disfrutado todo lo que había aprendido por el camino de la vida, las personas que había conocido, el día a día, lo difícil que es sobrevivir en un mundo tan obstinado, lo imposible que es amar y ser correspondido, lo inútil que resulta vivir.
Esa tarde el arco iris me dejo ver que el lleva un mensaje de un toque de atención a los hombres para que forjemos nuestros sueños, para que contemplemos al cielo, un cielo lleno de color, alegría y esperanza y para que no nos rindamos bajando nuestros ojos, rindiendo nuestra mirada al piso de la tristeza y la derrota. En nuestras manos esta la decisión.
Esa tarde el arco iris era solo para mi, aquella tarde del 21 me mostraba que la felicidad no solo se encuentra en el destino final, sino en disfrutar todos los momentos de la vida, por vagos e inútiles que fueran, esa tarde podría elegir entre mis sueños y mis derrotas, esa tarde tenia la libertad de elegir.
De aquella tarde del 21, de esa noche, no quedo nada, fue un sueño; sigo viajando y aprendiendo, pero ya no buscando el tesoro al final del arco iris sino disfrutando de la luz que el arco iris ha dejado en mi corazón y en mi entendimiento, cuando necesito ver el arco iris en los momentos más tristes, complejos y difíciles por los que he pasado, cuando la tormenta llega y no cesa, cierro mis ojos y dentro de mi interior puedo ver mi propio arco iris.
Entonces reclino mi rostro en la esperanza, me apoyo en mi mismo, llega el instante de comprender que algo nuevo vendrá, y creo en ese presagio; ya la tarde del 21 de septiembre solo esta en mi como un vago recuerdo, de un arco iris que fue solo un ilusión, que aquella noche hubo un sueño pero que también hubo un nuevo amanecer que llego con alegría y esperanza, pero lo mas importante fue que me dejo una pagina en blanco para escribir mi nuevo día; de todas maneras aun hoy con mas razón cuando veo el arco iris en el cielo me siento tranquilo tal vez a alguien le sirva de inspiración como aquella tarde del 21 fue mi mas noble inspiración.
Quizás te corresponda verlo hoy; recíbelo como ¡Un buen presagio, un mensaje de felicidad!, solo te queda una cosa por hacer: reclina tu rostro en la esperanza, apóyate en ti mismo, toma tu pagina en blanco y escribe cada día una nueva historia, quizás algún día encuentres donde nace el arco iris, allí encontraras el tesoro que tanto buscabas, tus anhelos, tu ilusión, el éxito y el amor de tu vida; entonces sabrás que valió la pena vivir.
EL BRILLO DE UNOS OJOS, DE TUS OJOS.
Mamá me ha mandado por agua a alguno de los estanques de Jerusalén, ella tiene un poco de afán porque cae la tarde y Papá pronto volverá del campo, recién he recibido las enseñanzas del arameo que nuestra familia se niega a olvidar.
Asumo que es la hora tercera de la tarde, es el año 33 dicen los que llevan estas cuentas; para mí es el año siete desde mi primera pascua tomo el cántaro de cerámica que corresponde al del agua que se utiliza para beber y cocinar.
Hay una revuelta total en las calles de la gran ciudad, un hombre al que llaman Jesús, camina por Jerusalén, he llegado a la calle principal que siempre me pareció esplendorosa en una longitud total de algo así como 700 metros. Tiene como 10 metros de ancho y está pavimentada con grandes piedras cortadas en lozas muy gruesas y cuidadosamente pulidas, en ellas se camina con comodidad a diferencia de otras calles polvorientas, ambos lados de la calle están formados por piedras elevadas y bajo ellas hay una cantidad de salidas de aguas, los más bajos cubiertos por cúpulas pequeñas de piedra, altos para caminar sobre ellos.
Entre la calle principal y el muro occidental de la muralla del Monte del Templo hay un grupo de tiendas que dan hacia la calle; lugar del comercio por donde me gusta transitar, no sé porque estoy aquí en esta tarde, a Papá le encanta caminar a la luz de la hermosa luna, después de la ultima cena del día, mientras conversa con sus amigos yo correteo cerca de él con mis amigos.
Tome el camino equivocado, pienso nuevamente, porque para ir al estanque de Siloé debí haber tomado la calle del peñasco que me llevaba más rápido, empiezo a afanarme porque Mamá me espera.
Hay un ciego que viene gritando a voces, se tropieza un poco a apunto esta de tumbarme, me imagino rodando por el piso con el cántaro hecho añicos, logro esquivarlo y él sigue su camino.
A lo lejos una multitud se agrupa, en esta hora es raro que suceda, quizás luego cuando el comercio cobra su grandiosidad y la tarde se haga más fresca; es Jesús, el de Belén, el que causa este alboroto, en algunas ocasiones estuve escuchando sus mensajes como la tarde aquella en el monte que comimos hasta saciarnos.
Recorro la distancia que me separa del estanque de Siloé, sus aguas son alimentadas por el manantial de Guihon, que surte de agua a la ciudad, allí aun se ven los vestigios de un túnel construido en el pasado que conduce hacia el desierto es nuestro lugar de juegos pero también de regaños, ya que cuando cierran las puertas de la ciudad es por allí donde ingresamos y Mamá y Papá saben que salimos del perímetro de la ciudad por la demora que causa el regreso.
No hay mucha gente en el estanque, contemplo una mariposa que se detiene en el canal de aguas y dejo que el manantial fluya en mi cántaro que se va haciendo cada vez más pesado hasta rebosarse, emprendo el camino de regreso a casa.
Nuevamente veo la multitud que rodea a Jesús, esta se dispersa un poco, y escucho al Hombre que le dice al ciego: "Ve a lavarte en el estanque de Siloé", su rostro está impregnado de barro, especialmente sus ojos, le ofrezco el cántaro para que se lave, lo coloco a la altura de sus manos el lo toma y me lo devuelve, miro su rostro tan cerca por primera vez y una piel totalmente cerrada cubre el lugar de sus ojos, no sé cómo percibe el camino que conduce hacia Siloé, pero se dirige hacia allá.
Regresa al instante dando gritos, "Hijo de David, veo, veo, veo…", todos los allí reunidos están confundidos, a mi altura le observo el barro que aun hay sobre su rostro, es él, otros niegan que sea él, otros se preguntan ¿Cómo fueron abiertos sus ojos?
Grita nuevamente: aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo Ve a lavarte en el estanque de Siloé fui y me lave y recibí la vista; donde esta él, se pregunta la gente, Jesús se ha retirado.
Miro alrededor, una señora también tiene un cántaro cargado de agua, Timoteo sobre una vara lleva dos cantaros cargados, un asno del pastor de ovejas va cargado con agua; la multitud se dispersa contemplo la puerta de las ovejas y allí el estanque de Bethesda.
Apresuro el paso hacia mi casa y en mi emoción al ver el brillo de los ojos de aquel ciego que siempre vi mendigando por toda la ciudad, queda una impresión del porque Jesús le envió al estanque de Siloé a lavar su rostro si había tanta agua cerca.
Es tarde, Mamá viene a mi búsqueda, toma el cántaro, yo la persigo, corro a su lado, esta tarde estaré con Papá y le contaré lo sucedido; a lo mejor cuando me vea ya lo sabrá todo, en Jerusalén nada es eterno y todo es eterno.
La brisa del mar Caribe golpea mi rostro; es la hora tercera de la tarde del dos de diciembre de año dos mil siete, estoy en uno de los lugares más pobres sobre la tierra, calles abnegadas, casas de tablas, papel y cartón; lodo y hollín; es Palermo un pequeño poblado, el más olvidado lugar del mundo en la ribera del rio Magdalena, debajo del puente más grande de mi nación.
Somos eternos y no vemos la eternidad, no hay distancia que cubrir ni tiempo que vencer; unos jóvenes empresarios emprendedores mitigan con balones y muñecas las necesidades de miles de niños de estos lugares, veo a través del lente de mi cámara la alegría de estos infantes al recibir su preciado regalo, para lograr la altura necesaria me arrodillo sobre el lodo, ellos en una sonrisa lejana posan alegremente.
La tarde avanza, este grupo de personas maravillosas que con una férrea voluntad, propone situaciones de ayuda maravillosa a los más necesitados, son aquellos ciegos de mi tarde en Jerusalén, en ellos veo el reflejo, el brillo inmaculado de aquellos ojos que por primera vez vieron, ellos vieron la luz, la luz de Jesús. Mi cámara sigue grabando, entre los jóvenes una mujer que en su rostro denota ternura, paz y un hilo de esperanza para los desesperanzados.
Vamos de regreso hacia la gran ciudad, la mujer de la esperanza conduce el vehículo que deja las calles de lodo y toma la cinta negra del asfalto, conduce hacia el puente dejando atrás el poblado de Palermo, a lado y lado el impetuoso rio Magdalena avanza hacia el inmenso mar Caribe, la altura del puente más largo que he transitado, tiene como tres mil metros de largo y diez metros de ancho, de esbeltas columnas, sus barandales como de un metro de alto permiten una vista preciosa de los barcos atracados en el muelle industrial y los más grandes navíos fondeados en el centro del rio, la hermosa ciudad de Barranquilla esbelta se yergue desde el borde del rio; la cúpula del puente se eleva hacia el firmamento azul, al infinito horizonte.
Absorto estoy en mi imaginación cuando el vehículo se detiene en la parte más alta del puente, la mujer de la esperanza me hace una señal para que descienda del vehículo, mientras lo hago enciendo mi cámara cuando ella ha llegado a la baranda del puente; un chico de algunos siete años baja verticalmente por una rústica escalera hacia las aguas del rio, en donde lo espera una balsa de madera; mi cámara no se detiene, la mujer le hace señales y el jovenzuelo escala nuevamente hacia las alturas del puente, ella le entrega los preciados regalos, el los recibe en un estado de incomprensión, dos veces baja y sube, finalmente se embarca en su balsa y se pierde en la inmensidad del rio, orgulloso del bien que en su infortunio la mujer de la esperanza le ha concedido.
El tiempo se detiene sobre el majestuoso puente, sobre el imponente rio, en este instante nada es eterno y todo es eterno; somos eternos y no vemos la eternidad, no hay distancia que cubrir ni tiempo que vencer.
Esta tarde Papá me invita a caminar por la calle más hermosa de Jerusalén, las tiendas están abiertas, es la misma tarde que fui al estanque de Siloé, es la misma tarde que el ciego vio, es la tarde en que Mamá vino a buscarme, es la tarde en la que camino de la mano con Papá, el me sorprenderá esta tarde, es la misma tarde en que vi a Jesús.
En lo alto de Jerusalén, a lo lejos desde la ciudad observo el monte del Calvario, en lo alto, más alto, una cruz, a cada lado una cruz; esta tarde de la mano de papá escucho un clamor; un hombre fue crucificado, su nombre: Jesús.
La tarde avanza, allí junto a Jesús en el monte del Calvario esta ese grupo de personas maravillosas que con una férrea voluntad, propone situaciones maravillosas para los más necesitados, son aquellos ciegos de mi tarde en Jerusalén, son las esposas que con ansias esperan a su esposos después de la jornada; son aquellas madres que quieren a sus hijos y llenas de paciencia salen a buscarlos cuando se hace tarde; son aquellos padres que salen de la mano con sus hijos, con sus manos llenas de sorpresas; son aquellos hijos que prefieren la mano amorosa y sensitiva de sus padres; son aquellos hombres que no los espera nadie, pero llenos de esperanza y fe van al encuentro del día que alguien les dé una mano; es la más hermosa tarde de mis tardes en Jerusalén
Es la gente aquella gente que atraviesa el puente, es la gente aquella gente que llena de lodo su calzado con tal de dar la mano al necesitado, en ellos veo el reflejo, el brillo inmaculado de aquellos ojos que por primera vez vieron, ellos vieron la luz, la luz de Jesús.
Es la tarde del estanque de Siloé; si esta tarde había agua por todos lados porque el ciego no acepto mi cántaro, el agua de Timoteo el repartidor o el agua de Bethesda; es la precisión de Jesús; el te lleva a los lugares exactos, a los lugares precisos; allí donde estarás cerca de lo eterno, de los que amas, de lo que esperas, de lo que anhelas.
Esta tarde es mi tarde más hermosa en Jerusalén, donde nada es eterno y todo es eterno, esta tarde es mi tarde más hermosa sobre el rio Magdalena, el tiempo se detiene sobre el majestuoso puente, sobre el imponente rio, en este instante nada es eterno y todo es eterno.
Mi cámara sigue grabando, estoy frente a la mujer de la esperanza, esa mujer representada en una madre, hija, esposa, amiga, única y valiosa; esa mujer que representa todas las mujeres: una mujer llena de ternura, paz y un hilo de esperanza para los desesperanzados; esa es la mujer que atraviesa el puente, esa es la mujer, aquella mujer que llena de lodo su calzado con tal de dar la mano al necesitado; en Ella veo el reflejo, el brillo inmaculado de aquellos ojos que por primera vez vieron, Tus ojos, esos ojos que vieron la luz, la luz de Jesús, en los ojos del necesitado, en el brillo de unos ojos, de tus ojos.
La tarde cae sobre uno de los lugares más hermosos de la tierra, aquí donde vivo yo, donde crecí, donde forme un hogar, donde nacieron mis hijos, el lugar en donde todo los días tengo que empezar de nuevo; Somos eternos y no vemos la eternidad, no hay distancia que cubrir ni tiempo que vencer.
La tarde cae, Papá me hace una señal para que lo adelante, es mi más hermosa tarde en Jerusalén, es mi más hermosa tarde sobre el puente, es mi más hermosa tarde frente a Ti, mujer de la esperanza.
En lo alto de Jerusalén se escucha un lamento “¡Padre!... ¿porque me has abandonado?”, en lo más alto del puente sobre el rio la tarde cae, es la tarde de la esperanza, aunque algunos aún viven, vivimos en la desesperanza.
POEMAS FRENTE A TU MAR
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TODOS PONEN
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EL PROGRAMA:
LA TIENDA DE MI BARRIO, es el denominado Primer Programa Temático de la televisión Colombiana, que se emite por la señal local, nacional e internacional de TELECARIBE, todos los días de lunes a viernes en el horario de 6.00 a.m. a 8.00 a.m., en el que tendremos como sección destacada a TODOS PONEN: REALMENTE REAL, REALMENTE HUMANO.
SU PARTICIPACIÓN:
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EL AGUACATE
UN CUENTO DE CARLOS ROJAS
DEJA VOLAR TU IMAGINACION
NECESARIAMENTE MAS ALLA DE TUS SENTIDOS,
ENTONCES PERCIBIRAS
LAS MARAVILLAS DE LA CREACION.
CRM.
ESTE CUENTO ES UN FRAGMENTO DE “DILE AL TIEMPO QUE REGRESE”
Pedro es un tipo sin igual, el se la pasa contando historias, es el típico Pedro nadie de la canción de Piero, pero basta haberlo conocido para entender que era el tipo más esplendoroso sobre la tierra.
Fue quizás uno de los últimos desplazados del departamento de Santander y ahora que hay tanto desplazado me pregunto porque todos se van para la capital.
Son las cuatro y treinta de la tarde del doce de enero de mil novecientos cincuenta y cinco, la tarde cae y un bus escalera que ha salido de Bucaramanga con destino a Bogotá, se encuentra en una caravana en cercanías de Aratoca, la caravana la componen varios camiones cargados de piñas, un camión militar que lleva el trasteo de un grupo de militares que cambian su guarnición a Tunja, un carro tanque de Ecopetrol que lleva combustible para varias gasolineras de Boyacá y también un camión que trae ganado desde el Banco.
El bus escalera de Berlinas del Fonce es un Ford modelo cincuenta y cuatro con una estupenda carrocería de madera; bultos y menajes domésticos sobre la carrocería y pasajeros hacen parte del cargamento que lleva la berlina hacia la capital.
No han trascurrido dos horas desde que la berlina salió del parque Santander en Bucaramanga, el ímpetu del rio Suarez no ha permitido el vado de la caravana que se desplaza a vencer el imponente cañón del Chicamocha, en una aventura impredecible para todos los que esperan, antes que caiga la noche.
La berlina es uno de los autobuses más modernos que hoy recorre las carreteras de Colombia, con capacidad para treinta y dos pasajeros, curiosamente el bus esta marcado con el numero 039; en el va el más impresionante cuadro humano de este viaje por la vida.
Un hombre, una mujer, un varón, tres mujercitas; dos de lindas trenzas, una de un cabello lizo, negro azabache y un bebe recién nacido que duerme plácidamente en los brazos de la mujer, un elegante sombrero borsalino barbisio luce el caballero.
La naturaleza no da respuestas inmediatas y el tiempo está detenido en el punto más agreste de la geografía colombiana, la noche se aproxima.
Han pasado treinta y cinco años desde esa noche; que pasó, no lo recuerdo, no tenia edad ese día para tantas cosas, me quede dormido en el regazo de mi madre.
Voy llegando a un lugar que recuerdo con afán, la finca de Papá, mi Tío se la dejo con un ruidoso río, una mansa quebrada uno a cada lado, para que la cuidáramos, la cuidamos tanto que tuvimos allí de todo, o más bien mamá.
Un hermoso cafetal donde aprendimos todo acerca del café, naranjales, mandarinas, guayaba y patillas, Papá las llamaba sandias, guamas, granadillas y madroños; era pequeña pero hermosa, imagínense que tenia capilla con todo y ornamentos.
CAFE
Me encantaba darle vuelta a la deserezadora del café, era más fácil que el molino del maíz donde Mamá preparaba las típicas arepas santandereanas.
También había gallinas y pollitos a montón, pero lo más curioso es que Mamá llego a tener tres mil patas o sea la consorte del pato con la característica singular que la patas ponedoras, ponían hasta dos huevos diarios, más singular es que nunca ponen un huevo en un mismo lugar, lo que constituía una inmensa finca llena de huevos de pata por todo lado; la labor de mis hermanos y Yo era la de cosechar el café, las naranjas, las mandarinas y los madroños, mi hermana mayor solo cosechaba las guayabas junto con mi prima Mona; además recoger huevos de pata sin ponerles el pie, con sumo cuidado para empacarlos y luego enviarlos a los supermercados y tiendas.
Un día, no sé cuando Mamá se aburrió de sus patas e hizo una feria en la plaza de mercado de Cachipay y acabo con el negocio, Yo estaba niño de pronto de allí viene la popular frase a volar patos, porque todos los que envidiaban el negocio de Mamá fueron los asiduos compradores, si usted pasa por este pueblo de noche existe una leyenda del pato fantasma, hoy es el mayor productor de carne de pato en toda la región; pensar que fue Ella la del invento, en ese pueblo no se puede dormir, por eso Mamá vendió hasta los corrales porque los infames patos no dejaban dormir a nadie.
Papá era muy práctico, una vez compro un aguacate y a verdad el ejemplar era grande, lo magnificó tanto que presumió de sembrar la semilla que también era inmensa para así tener el árbol de aguacates más grandes de todo el país. Lo puso a germinar en un frasco de mermelada y pasados los días lo trasplantó a la entrada del sendero de la finca.
Como éramos niños muy emprendedores, ganábamos por todo, eso venia en la sangre, Papá decía que tenía que ser así, en las noches nos contaba historias de cuando fue el señor Alcalde de varios pueblos de Santander siendo cahiporro y el país tenía un presidente godo; entonces gobernaba al pueblo gratis, porque desde su posición podía hacer infinidad de negocios.
Yo anduve muy cerca de él, con los años le certifique a Mamá que Papá nunca tuvo moza o querida, era imposible que la tuviera, cuando no me llevaba para donde iba me le aparecia a escondidas, pude decir que nunca Papá tuvo malas compañías.
De Él aprendí todas las artes y manualidades un día le dije a una amiga que Yo haría de todo por estar a su lado el resto de mis días, que sabía hacer de todo, me colocó como examen el reparar unos cables de su casa, pasados unos minutos sonriendo me pregunto qué a que clínica preferiría me llevara si me pasaba algo, esta mujer, la verdad estaba despreciando las enseñanzas que me lego mi progenitor, aun le insisto que no dejaré de amarla a pesar de su incredulidad.
Mi hermana mayor junto a mi prima Mona, se les metió en la cabeza fabricar bocadillos de guayaba; por eso su tarea fue siempre la de cosechar las guayabas, con el tiempo montaron un imponente fabrica cerquita de otra finca llamada Cayunda, consiguieron un préstamo del Incora pero un mal ingeniero construyo falsos cimientos y la fabrica se vino al suelo cuando ya los bocadillos eran reconocidos en los supermercados de don Jorge Carulla, no les tocó pagar el préstamo, pero el sueño de su fabrica solo les dejó quemones y dolores de espalda de tanto recoger las guayabas.
Después de treinta y cinco años, estoy aquí nuevamente, a Papá le dio por morirse, pero como Él es tan particular se fue en medio de un clásico de futbol mundial, nuestro equipo está buscando una lejana posibilidad para clasificar y Él lo tomo en serio, su emoción fue más fuerte que su alegre pero desgastado corazón.
He tenido que venir desde muy lejos a contemplar que cambiadas están las cosas, remodelaron la iglesia, el camino de herradura ya no es, la quebrada se seco y el rio corre lento, los frutales y cafetales se secaron, la capilla de la finca ya no está, este pueblo que antes era mi pueblo ya no es mi pueblo, ni siquiera hoy doblaron las campanas.
Absorto he llegado al umbral de la finca de mi niñez, majestuoso, imponente, podría decirse único; allí está el árbol de aguacate que Papá orgulloso plantó, se levanta a más de treinta metros sobre el piso, sus raíces muestran una gran profundidad, sobresalen algunas como indicando su poderío, su robustez; su follaje es maravilloso, es el propio verde de los ojos de Papá, tupido y florecido en verdad debe de ser el árbol de aguacate más hermoso del país como Él lo profetizo.
Un campesino viene bajando con su yegua cargada, se detiene y me observa; de su boca sale la respuesta que no esperaba, “ese árbol tan lindo nunca dio fruto” y se aleja arreando a su bestia.
Mis piernas flaquean, no puedo imaginar el sentimiento de mi Padre al saber que su árbol jamás dio nada, quizás nunca supo que esta planta se demora entre diez y quince años en dar frutos, que requiere que cada árbol tenga varias parejas para fertilizarse y que de cuatro millones de flores solo existe la posibilidad que el uno por ciento se convierte en fruto, indudablemente no lo sabía.
De rodillas, allí sobre la maleza, a la sombra del árbol que un día Papá sembró le pido perdón, por las tristezas que le cause, por la ingratitud, por el olvido, por el tiempo y la distancia, por dejarlo solo, por no estar con el cuándo me lo permitió y aun cuando a escondidas me le añadía, el hubiese querido que Yo estuviera allí siempre, inclusive en el momento de su partida.
Papá tenía razón, el dijo que sería el árbol de aguacates más grande del país, jamás precisó la calidad o cantidad de sus frutos; Papá lo que hizo en aquel instante cuando sembró el árbol fue dejar una lección para la posteridad.
Han pasado treinta y cinco años desde que ÉL planto el árbol, Mamá sique firme, sus árboles florecieron y dieron frutos, ella quizás aun recuerda las tardes alegres en que amontonábamos los huevos, cuando Mi hermana mayor y la Moma llegaban rendidas, acaloradas pero felices de ser grandes empresarias de la guayaba y mis tardes de pesca en plena lluvia pescando solo resfriados.
Hoy somos nosotros, los que tenemos que responder por nuestros frutos, cuando nos alejamos de los nuestros, por la tristeza que le causamos a nuestros seres queridos, por la ingratitud, por el tiempo y la distancia cuando nos apartamos de quienes nos han amado sintiéndonos orgullosos y jactándonos de vivir bien lejos.
Hoy somos nosotros lo que recibimos este legado y tenemos que responder por el; que muy a pesar de tener una experiencia de vida rechazamos a quienes nos respetan, nos aman y nos quieren; que nos excluimos de nuestro amado porque un rumor no confirmado nos hizo daño, que decidimos no perdonar y seguir adelante así se nos parta el alma, que nos tiramos de nuestra barca a hundirnos en nuestro propio barro, que hundimos nuestra propia barca no importa hundiéndonos con quien.
Que a pesar que el destino nos propuso caminar juntos, arremetemos con fuerzas innecesarias para arruinar el sendero por el que debemos transitar; que aunque la alegría sea nuestro compromiso, preferimos la desidia y la amargura; que matamos de desesperanza cuando hoy solo queda la noble esperanza.
Entonces hoy, sin mirar atrás, también sin proyectar el futuro, detengámonos y con un poco de nostalgia, plantemos en nuestra imaginación el más hermoso árbol, cualquiera que sea; nuestro preferido, o tal vez una flor, la más hermosa flor que existe sobre la tierra llamada gervera, ella encierra la mas autentica formación y coloración; toquemos en la profundidad de nuestros sentidos cada delicado pétalo, entonces sentiremos que no era necesario ser tan duros de corazón con las cosas bellas que nos dio la vida; que todavía hay tiempo de retomar lo que dejamos atrás, que todavía hay tiempo para pedir perdón por las tristezas, por la ingratitud, por el olvido, la soledad de la que hacemos parte, por no añadirnos, por el tiempo y la distancia; entonces llenos de emoción sentiremos que se nos parte el alma, esta vez abrazados a nuestro destino, al árbol que nos da fortaleza; abrazados a quien en verdad nos ama, a la sazón, seremos como el árbol de Papá, pero con frutos.
Tengo sueño, las aguas del rio Suarez, corren impetuosas, su ruido me arrulla, mis hermanas las de las trenzas me miran y sonríen con alegría; la de cabello lizo, negro azabache contempla el horizonte en la tarde que cae, mi hermano mayor tropieza por el pasillo de la berlina con un canasto, Papá se ajusta su sombrero, mi Madre me acomoda en su regazo. La noche viene, Es mi sueño.
GERVERA
PREMIOS ORGULLOSAMENTE NUESTRO, ORGULLOSAMENTE CARIBE
Muy pronto veremos en el programa La Tienda de mi Barrio a las personas más destacadas de nuestro Caribe, la idea la tomo Carlos hace muchos años cuando Adolfo Echeverría lo invito a la casa de Fabio Poveda Márquez, en ese tiempo Adolfo había creado el tema "La casa de Fabio", Carlos cree que en la casa de alguien, comienzan las historias, las empresas, los amores y los buenos amigos.
Como el tema de Adolfo Echeverría "no pego" creo que no fue llevado al disco, una tarde de domingo Carlos recuerda que existe un tema de las Billos Caracas Boys llamado “La casa de Fernando y crea una sección en el programa La Tienda de Mi Barrio con el mismo nombre de la canción.
A finales de 2006 con su cámara fotográfica recorre una a una desde el teatro Metro hasta la Vía 40 las casas del Barrio Abajo de Barranquilla, toma fotografías de sus fachadas, busca una puerta y una ventana que representen una casa tradicional.
A partir de allí se emite diariamente en el mencionado programa la sección "La Casa de Fernando", es la fotografía del personaje del día en la ventana de la casa, se destaca al personaje, se presenta su biografía y finalmente el locutor o presentadora de la sección dice “Orgullosamente nuestro, Orgullosamente Caribe.
Es necesario destacar a la persona, inicialmente son personajes de la vida nacional, pero llega el momento en el que hay que destacar a toda nuestra Gente Caribe, y hay muchísima gente que necesita ser reconocida eso el lo que vamos a hacer.
El Caribe tiene, imperativamente que ser autentico, aquí hay gente autentica que abunda, gente buena, orgullosamente Caribe.
Los nominados son: ¡Usted podría ser uno de ellos!

CUANDO ESCAMPE
EL VIENTO, LA LLUVIA Y TU SON EL RUMOR DE UNAS RISAS Y DE UN RECUERDO QUE JUEGAN EN MI MEMORIA
Mi familia y mis hermanos, digo hermanos porque el mayor era varón y ocho hermanas más y yo, vivimos desde niños en uno de los lugares más bellos del mundo, en uno de esos lugares de donde no hubiésemos querido salir jamás.
Desde niños crecimos en un pueblito llamado Usaquén, tenia seminario, escuela, colegios de curas y de monjas y también convento, colegio privado en donde estudio mi hermano, a mi me toco en la escuela, además, biblioteca municipal, alcaldía, recinto del concejo y cárcel así como una de las iglesias mas lindas de mi país, como era lógico tenia nuestro pueblito varias bandas de guerra, se celebraban todas las fiestas religiosas, patrias y locales.
A propósito de la iglesia fui el acólito estrella y entrenador de acólitos o monaguillos de la iglesia, de misas, bautizos, confirmaciones, primeras comuniones, matrimonios, entierros y misas de aniversario; lo que más me gustaba era la semana santa. Años después vi al gordo Camelo de actor en la televisión nacional y lo recordé como mi alumno de misas cantadas, ya era actor y ahora pienso que su carrera actoral me la debe a mí, ya que ser acólito era un papel como el del segundo actor en escena después del cura en una interesante obra teatral.
Desde niño me toco entrar muy seguido a la cárcel y no por nada malo sino porque a todos los que por alguna razón tenían que pagar deudas con la justicia eran conocidos y papá y mamá con un corazón tan noble que tuvieron se hacían responsables de atender con alimentación y abrigo a todos los presos. Era algo así como tres o cuatro entradas diarias, gracias a Dios que la nobleza de papá me inculco los más altos valores morales y mis entradas a la cárcel de Usaquén y de cualquier cárcel no pasaron de un trabajo voluntario social impuesto por mis progenitores.
Éramos una familia espectacular y reconocida como hoy lo somos, unidos, respetuosos, religiosos, pulcros e inteligentes; por lo de inteligentes yo era el más digno exponente regresando a casa todos los meses con la medalla al merito y el primer puesto en mi libreta de calificaciones, vocación que conserve hasta en mis estudios universitarios.
Donde sí fuimos malos, era en el deporte, puedo decir que nadie se destaco, de repente mi hermano mayor, ya que un día el dueño del billar se presentó a la casa a cobrar dos cosas; primero un paño del billar que mi hermano rompió de una de las mesas y un pollo asado que no habían pagado, allí pude entender que mi hermano era mal billarista y buen corredor.
Algo curioso es que siempre estrenamos zapatos, es decir, siempre tuvimos zapatos nuevos, porque la dueña del almacén eliminaba los zapatos viejos al otro lado de una pared de adobe al frente de la zapatería sobre la carretera central del norte donde quedaba nuestro pueblo.
Y a decir verdad Usaquén era como lo dijo Neruda cuando se refiere a su tierra natal, el lugar del mundo en donde mejor llovía, yo diría en donde las gotas de lluvia eran la más hermosa sinfonía de la naturaleza, eso sucedía allí en mi pueblo.
Recuerdo que un día mamá nos prometió que nos llevaría a la panadería Francesa, había dos, la otra era La Pamplonesa a tomar las onces, pero llovía tanto tanto que pensamos que la invitación estaba echada a perder, de todas maneras contábamos con equipo de campaña provisto por Papá: botas, paraguas o sombrillas, capas y gorros, bicicletas y triciclos.
Salimos corriendo uno a uno, Usaquén con todo lo que tenia era un pueblo de mueve manzanas, cinco calles y cuatro carreras, desde nuestra casa hasta la Francesa había las cinco calles, nuestra calle era ciega, daba salida hacia la carretera central del norte por unos huecos o tuberías de desagüe de aguas lluvias por donde solo los más pequeños cabíamos.
Unos por el andén otros por los "huecos" corrimos hacia la Francesa cuando mamá dio la orden, lo que nunca entendimos es que ella hizo una pausa pero cuando ya corríamos, yo a lo lejos escuche sus palabras "cuando escampe"
Llovía a cántaros, nosotros corríamos, la gente corría, en un punto nos encontramos los que salimos por los huecos y mis hermanas que corrían por el andén, mi hermano mayor no lo vi, Llegamos a la panadería con el alma llena de júbilo, con nuestro equipo de protección empapado de agua, al buen rato mamá llego con mi hermano, se quito sus guantes de lana, froto sus hermosas manos de madre, repaso que estábamos completos nos miro uno a uno diciendo "les dije: cuando escampe", allá afuera seguía lloviendo; tomamos chocolate hirviendo, galletas y pan francés, todos reímos con nuestros bigotes de chocolate, al rato papá llego quizás había indagado donde nos encontrábamos; con sus penetrantes ojos verdes, con su imponente carácter de padre, como ninguno, en esa tarde de magia nos miro y dijo: " la próxima vez esperan cuando escampe".
Reímos, brincamos de alegría, nos llenamos de calor, del calor de los hornos de la Francesa, del calor de una familia única, En fin éramos felices y eso era todo.
Han pasado tantos años y han sucedido mil y mil tardes de lluvia y tormenta en nuestras vidas, una tarde a orillas del mar Caribe en un lugar en donde nunca llueve la mujer que llena mi corazón a una pregunta que le hice me respondió: "cuando escampe" recordé el episodio de mi niñez y comprendí que en nuestro interior siempre hay una tormenta, entonces tenemos que tener la paciencia que de chicos no tuvimos, que no podremos salir por los huecos, correr por el andén bajo la lluvia ante el desespero de mamá y el regaño sutil de papá que ya partió para el cielo, que si un ser querido se nos fue, que si nada funciono y que la vida no fue lo que esperamos, que hoy estamos en otros tiempos y que tendremos que esperar, hasta que cese la tormenta, hasta cuando pare la lluvia "cuando escampe" y un nuevo sol vuelva a brillar.
CARLOS ROJAS
Barranquilla, Junio 15 de 2008